Durante décadas, la medicina ha jugado un juego peligroso de "ponerse al día". Surge un nuevo virus, se propaga por el mundo y los científicos corren para crear una defensa. Ahora, investigadores de la Universidad de Cambridge intentan cambiar esta situación. Han desarrollado la primera vacuna diseñada completamente por inteligencia artificial, y acaba de superar sus pruebas iniciales de seguridad en humanos.
La nueva vacuna se dirige a la familia de los sarbecovirus. Este grupo de patógenos incluye el virus responsable del brote de SARS de principios de los 2000, así como el SARS-CoV-2, que causó la crisis mundial de COVID-19 en 2020. Pero el objetivo no es solo combatir las enfermedades que ya conocemos. Los investigadores quieren detener aquellas que aún no nos han afectado.
Para lograrlo, el equipo científico recurrió al aprendizaje automático. Algoritmos informáticos analizaron grandes cantidades de datos genéticos recopilados de redes de vigilancia internacionales. El software buscó características comunes en toda la familia de virus, incluidas cepas que actualmente solo se encuentran en murciélagos. Con esta información, la inteligencia artificial diseñó un "superantígeno", un componente especializado para entrenar al sistema inmunológico humano a reconocer y atacar estos rasgos virales comunes.
La medicina convencional suele depender de variantes de virus que ya están infectando a las personas. El profesor Jonathan Heeney, director del Laboratorio de Zoonosis Virales en Cambridge, explicó que este enfoque tradicional tiene límites importantes. "Hemos superado el problema de las vacunas tradicionales, que tienen protección limitada", dijo Heeney. "Significa que podemos escapar del ciclo constante de perseguir las variantes del virus que circulan en humanos y actualizar las vacunas para intentar ponernos al día, como un perro persiguiendo su cola".
La vacuna experimental completó recientemente un ensayo clínico de Fase 1, con resultados publicados en el Journal of Infection en junio de 2026. Treinta y nueve voluntarios sanos de entre 18 y 50 años recibieron la dosis en centros de investigación de Southampton y Cambridge. El método de administración fue inusual: en lugar de una aguja estándar, el equipo médico usó un sistema de chorro microfluídico. Esta tecnología utiliza líquido a alta presión para introducir el medicamento basado en ADN directamente a través de la piel. Las vacunas de ADN funcionan proporcionando instrucciones genéticas que enseñan al cuerpo a producir proteínas virales, lo que desencadena una defensa inmunológica. Estas formulaciones a menudo se mantienen estables sin la refrigeración extrema que requieren otras vacunas modernas.
El ensayo demostró que la fórmula diseñada por computadora es segura, sin efectos secundarios negativos significativos reportados entre los voluntarios. Además, los participantes desarrollaron respuestas inmunitarias contra coronavirus humanos conocidos y virus de murciélago relacionados que nunca han infectado a personas. Sin embargo, los investigadores notaron que la reacción inmunológica humana fue algo limitada en comparación con las respuestas sólidas observadas durante pruebas anteriores en animales.
Para comprender mejor la efectividad de la vacuna, ya está en marcha un estudio más grande de Fase 2. Esta siguiente etapa involucra a aproximadamente 200 participantes de diversos orígenes. Si tiene éxito, la tecnología subyacente de superantígenos podría agregarse a la mayoría de los sistemas de administración de vacunas estándar. Esto eliminaría la necesidad de rediseñar constantemente las vacunas a medida que los virus mutan y cambian genéticamente.
El proyecto representa un cambio masivo en la preparación ante pandemias. Fue desarrollado por DIOSynVax, una empresa de biotecnología creada en 2017 con el apoyo de la oficina de transferencia de tecnología de la universidad, y recibió financiación principal de Innovate UK. El mismo grupo de investigación ya está aplicando sus métodos de aprendizaje automático para diseñar vacunas universales contra otras amenazas que cambian rápidamente. Estas incluyen la influenza, que requiere nuevas formulaciones cada año, y el Ébola, una fiebre hemorrágica mortal.
El profesor Saul Faust, investigador principal del ensayo en la Universidad de Southampton, destacó las enormes implicaciones de esta estrategia prospectiva. "Si podemos desarrollar y avanzar clínicamente esta nueva clase de vacunas antes de que comience un brote viral, se podrían salvar millones de vidas, evitar confinamientos y preservar la economía", dijo Faust. Por primera vez, la humanidad podría estar preparada con un escudo antes de que llegue la enfermedad.