La papa ha estado bajo prueba durante años. ¿Es un alimento saludable o un villano lleno de almidón? Un nuevo análisis sugiere que la pregunta en sí era incorrecta. La papa quizás no sea el problema. La forma en que la cocinas podría serlo.
Investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard siguieron a más de 205.000 profesionales de la salud estadounidenses durante aproximadamente tres décadas, observando qué comían y qué pasaba con su salud. Los números son enormes: durante el estudio, 22.299 participantes desarrollaron diabetes tipo 2, una enfermedad crónica en la cual el cuerpo tiene dificultad para controlar el azúcar en la sangre.
Cuando el equipo clasificó las papas según cómo fueron preparadas, apareció una diferencia clara. Comer papas fritas tres veces a la semana se relacionó con un riesgo 20% mayor de desarrollar diabetes tipo 2. Las papas horneadas, cocidas y en puré contaban una historia completamente diferente. En conjunto, no mostraron ningún vínculo significativo con la enfermedad.
Los investigadores descubrieron algo importante: cuando las personas reemplazaron papas fritas por granos integrales, el riesgo de diabetes disminuyó aproximadamente 19%. Sin embargo, reemplazar papas por arroz blanco aumentó el riesgo. La lección no trata de evitar un alimento, sino de elegir qué lo reemplaza.