El 24 de junio, dos fuertes terremotos sacudieron Venezuela. El primero tuvo una magnitud de 7.2 y el segundo, solo 40 segundos después, de 7.5. Estos movimientos de tierra causaron una gran destrucción y el país todavía está lidiando con las consecuencias. Desde entonces, ha habido más de 1.000 réplicas, manteniendo a la gente con miedo.
El número de fallecidos ha aumentado a 3.889 personas. Además, 16.740 personas resultaron heridas y casi 18.000 tuvieron que abandonar sus hogares destruidos. La zona costera de La Guaira, cerca de la capital Caracas, fue la más afectada. Allí, 190 edificios se derrumbaron por completo y muchos otros sufrieron daños graves.
Equipos de rescate, incluyendo trabajadores nacionales, voluntarios y especialistas internacionales, trabajaron juntos para buscar sobrevivientes entre los escombros. Lograron rescatar a más de 6.400 personas. Las operaciones de ayuda han distribuido millones de litros de agua y toneladas de comida. Se crearon refugios temporales para las familias desplazadas.
Sin embargo, ahora aparece un nuevo peligro. La Organización Panamericana de la Salud advierte sobre el riesgo de enfermedades. La falta de agua potable y los problemas en los hospitales aumentan la posibilidad de contagios, especialmente entre las personas desplazadas. El director de la organización, Jarbas Barbosa, explicó que los mayores riesgos ahora no son solo las heridas, sino también la falta de servicios médicos, las malas condiciones sanitarias y el acceso limitado a la atención médica. Ya se están viendo más enfermedades gastrointestinales e infecciones de la piel.
Esta emergencia se suma a los problemas económicos que ya sufría Venezuela, debilitando su sistema de salud. Muchas personas necesitan medicinas para enfermedades crónicas como la diabetes. El jefe de ayuda de las Naciones Unidas, Tom Fletcher, señaló que la gente acude a los refugios buscando tratamientos que no han podido conseguir. Las Naciones Unidas han solicitado ayuda internacional para apoyar a las personas afectadas.