Durante más de mil quinientos años, un imponente faro guió a los barcos de forma segura por el mar Mediterráneo hacia el bullicioso puerto egipcio de Alejandría. Con una altura aproximada de 100 metros, el Faro de Alejandría se ganó su lugar como una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Luego, la tierra tembló. Una fuerte actividad sísmica, que culminó en un devastador temblor en el año 1303, hizo que la legendaria estructura se derrumbara en el mar. Durante siglos, sus ruinas permanecieron ocultas bajo las olas. Ahora, un equipo de buzos ha devuelto a la superficie partes de esta maravilla perdida.
En una compleja operación de rescate submarino, los arqueólogos han extraído 22 colosales bloques de piedra del fondo del puerto. Cada pieza tiene una masa de entre 70 y 80 toneladas métricas. El esfuerzo de recuperación requirió equipo especializado de elevación marítima, proporcionado por la empresa francesa GEDEON Programmes, para izar las enormes piedras desde el lecho marino.
Los elementos arquitectónicos recuperados ofrecen una visión única de la antigüedad. Los buzos recuperaron superficies de suelo, soportes verticales y pesadas piedras de cimentación. Sorprendentemente, el equipo descubrió una estructura de puerta previamente no identificada, que combina métodos de construcción griegos y estilos arquitectónicos egipcios de la época helenística.
El monumento original fue encargado a principios del siglo III a.C. durante el reinado de Ptolomeo I. Fue diseñado por el arquitecto griego Sóstrato de Cnido y ocupaba la isla de Faros. La arquitectura incluía una sección inferior rectangular, un nivel medio octogonal y una torre redonda que albergaba la fuente de luz. El faro era tan potente que los marineros podían detectarlo desde 40 a 50 kilómetros de distancia.
"El Faro puede considerarse el primer rascacielos de la humanidad", señalaron representantes de La Fondation Dassault Systèmes, una organización tecnológica que ha apoyado el proyecto. "Su brillantez técnica y genio arquitectónico le permitieron resistir el tiempo y la historia durante más de 1.600 años".
Thomas Faucher, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, explicó que el redescubrimiento submarino brinda a los expertos una oportunidad única para estudiar los restos físicos de un monumento legendario y desvelar secretos sobre su construcción original.
La misión actual es parte del Proyecto PHAROS, una colaboración entre expertos franceses y egipcios autorizada por el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto. Dirigido por la especialista francesa Isabelle Hairy, el equipo se basa en décadas de investigación previa. Los restos sumergidos fueron identificados por primera vez a mediados de la década de 1990 por el arqueólogo francés Jean-Yves Empereur.
Los investigadores han utilizado tecnología de escaneo digital para documentar más de 100 piezas sumergidas. Ahora, aplicarán fotogrametría de alta resolución a los 22 bloques recién extraídos para crear representaciones digitales tridimensionales precisas. Este modelo virtual ayudará a los historiadores a comprender cómo los antiguos ingenieros ensamblaron las enormes piedras y cómo era su forma física final.
La operación de recuperación también está siendo documentada en película por GEDEON Programmes. Tras el colapso del faro, muchos de sus componentes se reutilizaron para construir la Ciudadela de Qaitbay. Sin embargo, los enormes bloques que permanecieron ocultos bajo el agua ahora cuentan su propia historia.