Santa Marta, puerto principal de exportación de carbón en la costa caribeña de Colombia, fue el lugar elegido para una conferencia histórica. Del 24 al 29 de abril, aproximadamente 60 gobiernos se reunieron para debatir formalmente cómo terminar con el comercio de combustibles fósiles.
La Conferencia sobre la Transición Lejos de los Combustibles Fósiles fue coorganizada por Colombia y los Países Bajos. Asistieron entre 50 y 60 delegaciones nacionales, además de alrededor de 100 gobiernos subnacionales como Quebec y California, y aproximadamente 1.000 organizaciones de la sociedad civil, representantes indígenas, científicos y grupos de jóvenes.
Fue notable quién no asistió. La administración Trump no fue invitada, ni tampoco China, India o Rusia. Los cabilderos de la industria de combustibles fósiles fueron explícitamente prohibidos. Los organizadores eligieron formar una coalición de países dispuestos a actuar, evitando la obstrucción que afectó a COP30 en Belém el año pasado.
Australia, Canadá, Reino Unido y Noruega asistieron junto a Brasil y Turquía. También llegaron pequeños estados insulares, liderados por Tuvalu, que llevan años pidiendo un tratado de no proliferación de combustibles fósiles.
Aunque no se firmó ningún tratado vinculante, la conferencia produjo infraestructura importante. Un nuevo panel científico fue creado para estudiar cómo eliminar gradualmente el carbón, el petróleo y el gas, coordinado por Vera Songwe, Ottmar Edenhofer y Gilberto M. Jannuzzi.