En lo profundo de la selva tropical de la Guayana Francesa, a unos 35 kilómetros del asentamiento más cercano, una mujer de 29 años disfrutaba de una caminata ecoturística cerca del río Kourou. Era octubre de 2023 y viajaba en grupo con otros once turistas y un guía local.
De repente, una fuerza masiva golpeó la parte posterior de su cabeza. Un águila harpía, una de las aves rapaces más grandes del planeta, descendió de una rama. Los machos pueden pesar hasta nueve kilogramos y tener una envergadura de 2.2 metros. Sus garras, de hasta 12 centímetros, son tan grandes como las de un oso grizzly.
Las garras del águila cortaron el cuero cabelludo de la mujer, dejándole tres heridas de unos dos centímetros cada una. Afortunadamente, un compañero reaccionó rápidamente, inmovilizando al ave con el pie y permitiendo que la mujer se liberara. Después del incidente, el grupo tardó siete horas en llegar a atención médica. La mujer recibió antibióticos y sus heridas sanaron por completo.
Este evento es el primer ataque documentado de un águila harpía salvaje a un humano adulto. El biólogo Everton Miranda, de la Universidad de Tohoku, calificó el suceso de extremadamente inusual. Lauren McGough, antropóloga cultural, comparó la probabilidad de un ataque así con ser alcanzado por un rayo.
Los investigadores creen que el águila estaba protegiendo su comida, un primate encontrado cerca, cuando los turistas se acercaron demasiado. Históricamente, los científicos no publicaban estos incidentes por temor a represalias contra las águilas, una especie vulnerable. Sin embargo, Miranda argumenta que ocultar la verdad es contraproducente. Aboga por soluciones prácticas, como programas de compensación para agricultores que pierden ganado, algo que falta en Brasil.
La mayor amenaza para el águila harpía es la deforestación. Necesitan grandes extensiones de selva virgen para sobrevivir. La pérdida de bosque reduce su hábitat y su capacidad de reproducción. El ataque cerca del río Kourou es un recordatorio de la naturaleza salvaje de la Amazonía y la creciente tensión entre la actividad humana y la vida silvestre.