Cada noche, el cielo se ilumina con cientos de miles de luces temporales. La mayoría de estos destellos cósmicos son eventos normales, pero en noviembre de 2025, una cámara automática en el sur de California capturó algo inesperado: una estrella moría violentamente en un lugar inusual.
La Instalación Zwicky Transient (ZTF) en el Observatorio Palomar escanea el cielo continuamente. Un programa de inteligencia artificial (IA) identificó un destello de luz particular. Según Robert Stein, investigador de la Universidad de Maryland y del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, la IA reconoció una llamarada que coincidía perfectamente con una estrella siendo destrozada por la gravedad. Lo extraño era su ubicación: en las afueras de una galaxia, lejos de donde suelen encontrarse fuerzas tan masivas.
Cuando una estrella se acerca demasiado a un agujero negro, la intensa fuerza gravitatoria la estira y la rompe. Los restos de la estrella se calientan al girar, creando una brillante llamarada de radiación. Esta explosión, ubicada a unos 750 millones de años luz en la constelación de Cetus, fue muy violenta. En su punto máximo, la estrella brilló con la intensidad de diez mil millones de soles.
El Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA observó la explosión. Registró temperaturas de hasta 30.000 grados Celsius. El resplandor duró meses, eclipsando a su galaxia anfitriona en luz ultravioleta. El Telescopio de Investigación Astrofísica del Sur en Chile analizó los colores de la luz. Jonathan Carney, estudiante de doctorado en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, explicó que combinar los datos permitió descartar otras posibilidades y confirmar que un agujero negro había consumido una estrella, a pesar de su extraña ubicación.
Los astrónomos saben que los agujeros negros supermasivos, que pesan millones o miles de millones de veces más que nuestro Sol, se encuentran en el centro de las galaxias. Antes de 2024, todas las observaciones confirmadas de estrellas destruidas por agujeros negros ocurrían en el núcleo galáctico. Este nuevo evento, llamado AT2024tvd, ocurrió a más de 30.000 años luz del centro de la galaxia. Esto plantea la pregunta de cómo un agujero negro tan masivo termina en los "suburbios" cósmicos. La respuesta podría ser una colisión galáctica. Los científicos creen que este agujero negro errante pertenecía a una galaxia más pequeña que chocó con la actual. El descubrimiento demuestra que los astrónomos pueden localizar objetos invisibles al observar cuándo se alimentan. El equipo validó una nueva técnica para buscar estos objetos ocultos y aprender cuán comunes son en el universo.