En los barrios periféricos de La Habana el miércoles por la noche, los residentes salieron a las calles oscuras y comenzaron a golpear ollas y sartenes. En algunos distritos, encendieron fuego en pilas de basura. El sonido se escuchó en una ciudad donde, en algunos lugares, las luces habían estado apagadas hasta 22 horas al día.
Horas antes, el Ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O Levy, había declarado ante los reporteros en una conferencia de prensa estatal: "No tenemos absolutamente ningún combustible, petróleo, y absolutamente ningún diésel. No tenemos reservas".
El anuncio del 13 de mayo de 2026 confirmó lo que millones de cubanos ya sentían en sus refrigeradores y hospitales. El país enfrenta una crisis energética grave. El déficit de energía ha superado los 1.100 megavarios, con pérdidas esperadas de más de 2.000 en horas pico. El jueves temprano, la red sufrió un colapso parcial, cortando la electricidad en todas las provincias orientales.
Cuba produce solo el 40 por ciento del combustible que necesita. Durante casi dos décadas, Venezuela había proporcionado el resto a través de su compañía estatal de petróleo. Sin embargo, esa ayuda terminó en enero de 2026 después de una operación militar estadounidense.
Ahora, el costo humano es grave. Se han cancelado cirugías hospitalarias. Se han reducido las horas de trabajo. Los refrigeradores se calientan y los alimentos se echan a perder. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU advierte que la escasez de combustible amenaza el suministro de alimentos y los sistemas de agua en una isla de aproximadamente 10 millones de personas.