Dentro de una cámara de vacío en la Universidad de Viena, una pequeña partícula de metal hizo algo que no debería haber podido hacer. Un minúsculo grupo de sodio, que contenía entre 5.000 y 10.000 átomos, fue enviado a través de un túnel de luz láser. Durante aproximadamente una centésima de segundo, existió en dos lugares a la vez.
Este momento fugaz, publicado en la revista Nature, es la mayor violación del sentido común jamás realizada en un laboratorio de física. El equipo, una colaboración entre físicos de la Universidad de Viena y la Universidad de Duisburg-Essen, colocó un trozo de metal en un estado de superposición cuántica, nombrado según el famoso experimento mental de Erwin Schrödinger sobre un gato que está simultáneamente vivo y muerto.
El grupo tenía aproximadamente 8 nanómetros de ancho, comparable al tamaño de los transistores en un chip de computadora moderna. Su masa superó 170.000 unidades de masa atómica. Según la lógica extraña de la mecánica cuántica, los objetos de este tamaño deberían comportarse como la materia ordinaria. Deberían estar en un solo lugar, haciendo una cosa. Pero este no lo hizo.
El experimento utilizó un nuevo instrumento llamado MUSCLE, que usa tres redes de difracción hechas completamente de luz ultravioleta profunda. Cuando un grupo de sodio pasa a través, su onda cuántica se divide, viaja por múltiples caminos y se recombina. El patrón de interferencia resultante es la firma de la superposición.