Imagina ver una copa de vidrio adornada. Cuando la luz le da de frente, brilla con un verde apagado, como el jade. Pero si pones una luz detrás, el vidrio se transforma y se vuelve de un rojo brillante, como la sangre. Esto no es un truco de magia moderno. Es la Copa de Licurgo, un objeto romano creado hace más de 1.600 años. Durante mucho tiempo, los científicos no entendían cómo funcionaba. Ahora, los investigadores saben que los romanos fueron pioneros en nanotecnología, aunque no lo supieran.
La copa, de unos 16,5 cm de alto, se hizo probablemente en Alejandría o Roma entre los años 290 y 325 d.C. Es un tipo raro de objeto de lujo llamado "copa jaula". Los artesanos tallaron el exterior del vidrio, dejando una delicada red unida al cuerpo principal por puentes de vidrio ocultos. La talla muestra una historia mitológica: el rey Licurgo, castigado por su arrogancia por el dios del vino, Dionisio.
Lo más especial es su capacidad de cambiar de color. Es el único objeto antiguo romano de vidrio conocido con esta habilidad. El secreto se descubrió en 1990, cuando se examinaron pequeños fragmentos con un microscopio electrónico. Los investigadores encontraron partículas metálicas microscópicas de oro y plata, miles de veces más pequeñas que un grano de sal.
Los antiguos vidrieros mezclaron oro y plata en una proporción de siete a tres, con un poco de cobre. Cuando la luz incide en estas partículas, los electrones dentro de ellas vibran y cambian el color que vemos. Los científicos creen que fue un accidente, quizás por contaminación del taller. Sin embargo, las proporciones exactas sugieren que los artesanos aprendieron a controlar el proceso sin entender la ciencia.
La copa ha tenido una larga historia. Pudo usarse en ceremonias religiosas. Siglos después, estuvo en una iglesia hasta la Revolución Francesa. Alrededor del año 1800, se le añadió una base y un borde de bronce dorado. En el siglo XIX, la familia Rothschild la compró. En 1958, Victor Rothschild la donó al Museo Británico de Londres, donde se exhibe hoy.
Este "accidente" antiguo inspira hoy. Los científicos han recreado el efecto usando partículas de oro y plata en materiales modernos. Así, la tecnología actual iguala el genio accidental de los vidrieros romanos.