La tinta del acuerdo diplomático apenas se había secado cuando la situación se complicó. El 18 de junio de 2026, los presidentes de Estados Unidos y de Irán se reunieron en Francia para firmar un memorando de entendimiento preliminar. El objetivo era detener un conflicto militar que había comenzado en febrero.
Sin embargo, solo dos días después, el 20 de junio, la cúpula militar iraní declaró el cierre del Estrecho de Ormuz a todo tráfico marítimo. La Marina de la Guardia Revolucionaria Islámica advirtió a los barcos comerciales que evitaran la zona, ya que su paso pondría en peligro sus naves.
El Estrecho de Ormuz es vital para el mercado energético mundial, ya que por él pasa cerca de una quinta parte del petróleo y gas natural del planeta. Irán justificó esta acción no por un conflicto naval, sino por bombardeos israelíes recientes en el sur del Líbano, que causaron al menos 47 muertes según autoridades libanesas.
Irán consideró estos ataques una violación del acuerdo recién firmado y declaró que el cierre del estrecho era solo el primer paso. Advirtieron que tomarían más medidas si la "agresión" continuaba.
Esta violencia en el Líbano ocurrió a pesar de los esfuerzos diplomáticos. Un alto el fuego entre Israel y Hezbolá, negociado por Estados Unidos, se rompió casi inmediatamente. Israel y Hezbolá se acusaron mutuamente de violar la tregua.
El acuerdo entre EE. UU. e Irán, que exigía el cese de operaciones militares, tenía una omisión importante: no mencionaba a Israel.
Mientras Irán declaraba el estrecho cerrado, el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, afirmó que la ruta marítima seguía abierta. Si se confirma el bloqueo, violaría el acuerdo de Versalles, que obligaba a Irán a permitir el paso libre de barcos por 60 días a cambio de alivio económico y la posibilidad de exportar petróleo sin restricciones. El acuerdo era un marco preliminar y ambas naciones debían negociar un pacto completo en 60 días. Ahora, los diplomáticos enfrentan el desafío de salvar un acuerdo que ya se está desmoronando.