Menos del uno por ciento de la población mundial vive en un país donde la prensa es libre. Esta estadística, revelada en el Índice Mundial de Libertad de Prensa 2026 publicado esta semana por Reporteros Sin Fronteras, muestra un colapso silencioso. En 2002, cuando la organización comenzó a medir la libertad de prensa global, aproximadamente uno de cada cinco personas vivía en un entorno de prensa clasificado como "bueno". Hoy, casi nadie lo hace.
La organización con sede en París ha rastreado 180 países y territorios durante veinticinco años. La puntuación promedio de libertad de prensa ha caído a su nivel más bajo en la historia del Índice. Por primera vez, más del cincuenta por ciento de los países encuestados, el 52,2 por ciento, están en las dos peores categorías: "difícil" o "muy grave".
Estados Unidos cayó siete posiciones al lugar 64, la posición más baja que el país ha registrado nunca. Cuando Reporteros Sin Fronteras comenzó a clasificar naciones en 2002, Estados Unidos estaba en el lugar 17. La organización atribuye esta caída a acciones de la administración Trump, incluyendo recortes de financiamiento para emisoras públicas y demandas contra medios de comunicación.
Noruega mantiene el primer lugar por décimo año consecutivo. En contraste, Siria subió 36 posiciones, de 177 a 141, tras la caída del gobierno de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024. La prensa comenzó a respirar después de más de cinco décadas de dominio de la familia Ásad.