En la República de Irlanda, el mundo digital chocó recientemente con la realidad física. Para 2023, las enormes instalaciones que almacenan y procesan datos de internet consumían el 21 por ciento de la electricidad medida del país. Estas granjas de servidores consumieron más energía que todos los edificios residenciales urbanos juntos. La tensión se volvió tan severa que el operador de la red nacional tuvo que intervenir, congelando las aprobaciones para nuevos centros de datos alrededor de Dublín hasta 2028.
Esta crisis local ofrece una vista previa de un desafío global inminente. Según un informe de junio de 2026 publicado por el Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, la infraestructura que impulsa nuestras vidas digitales se está expandiendo a un ritmo sin precedentes. El estudio advierte que la revolución de la inteligencia artificial está imponiendo demandas extraordinarias a los recursos naturales del planeta.
La escala de esta infraestructura digital es difícil de visualizar. En 2025, los centros de datos de todo el mundo requirieron 448 teravatios-hora de electricidad. Si estas instalaciones se agruparan como un solo país, serían el undécimo mayor consumidor de energía eléctrica en la Tierra. Este inmenso apetito energético resultó en aproximadamente 189 millones de toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono.
Sin embargo, los investigadores enfatizan que el carbono es solo una parte de la ecuación. Las instalaciones también requirieron aproximadamente 4.5 billones de litros de agua para refrigeración y operaciones en 2025. Miriam Aczel, investigadora principal del estudio, señaló que centrarse solo en las emisiones puede ocultar otros daños ambientales. Explicó que las soluciones que parecen ecológicas en cuanto al carbono a menudo resultan perjudiciales para los recursos terrestres o hídricos.
La rápida adopción de la inteligencia artificial está acelerando estas tendencias. Actualmente, la IA representa aproximadamente una quinta parte de toda la energía utilizada por los centros de datos. Para 2030, se proyecta que esa participación se duplique al 40 por ciento. Gran parte de esta demanda proviene del uso diario. Una vez que un sistema de IA está activo, el proceso de generar respuestas requiere entre el 80 y el 90 por ciento de la energía total que el sistema consumirá.
Mirando hacia 2030, las proyecciones son asombrosas. El informe anticipa que el uso global de electricidad de los centros de datos se duplicará con creces hasta alcanzar los 945 teravatios-hora. En ese momento, esta red digital se convertiría en el sexto mayor consumidor de energía a nivel mundial. El consumo de agua podría alcanzar los 9.3 billones de litros para 2030, lo que equivale a las necesidades anuales de agua de 1.3 mil millones de personas en África Subsahariana.
Kaveh Madani, director del instituto, advirtió contra depender únicamente de las mejoras tecnológicas. Hacer estos sistemas más baratos y eficientes a menudo conduce a un mayor uso, lo que crea una huella ambiental mayor. Los beneficios y las cargas de esta tecnología no se distribuyen por igual, pero las consecuencias ambientales afectan a todo el globo. Los investigadores piden un desarrollo responsable para asegurar un futuro sostenible.