Hace sesenta y seis millones de años, una roca de unos diez kilómetros de ancho impactó en las aguas de la actual Península de Yucatán. La colisión liberó una energía equivalente a 100 teratones de TNT, creando un cráter de 177 kilómetros de ancho y 19 kilómetros de profundidad. Sin embargo, el verdadero causante de la extinción no vino de la tierra, sino del cielo.
Durante décadas, los científicos han debatido cómo el asteroide Chicxulub acabó con los dinosaurios. Un estudio reciente, publicado en el Journal of Geophysical Research: Biogeosciences, sugiere una línea de tiempo aterradoramente rápida: la extinción ocurrió en cuestión de horas. El cielo se convirtió en un horno gigante que atrapó el calor.
Cuando la roca espacial golpeó la Tierra, la fuerza transformó la roca sólida en gas. Este vapor de roca sobrecalentado se disparó hacia la atmósfera superior. Al enfriarse, se condensó en pequeñas esferas de material fundido llamadas "esférulas".
Estas partículas diminutas cayeron de regreso a la superficie, como meteoritos en miniatura. Al atravesar el aire, la fricción las calentó intensamente, generando un pulso térmico en el suelo. Pero la caída de escombros no explica toda la devastación. La nueva investigación, liderada por Brandon Johnson de la Universidad de Purdue, señala un factor secundario clave: una densa capa de polvo fino suspendida en la atmósfera.
Esta capa actuó como una manta térmica, atrapando el calor de las esférulas y reflejándolo hacia la superficie. Esto aumentó la temperatura hasta tres veces y media más de lo que las esférulas habrían producido por sí solas. Las criaturas del período Cretácico enfrentaron niveles de calor unas 17 veces superiores a los que serían letales para un humano hoy.
El calor amplificado fue tan intenso que provocó incendios forestales masivos. Incluso los dinosaurios con piel gruesa no pudieron sobrevivir. Según el estudio, la mayoría de los animales terrestres perecieron en las primeras horas tras la colisión. "Podríamos haber matado a todo en la primera hora o dos", dijo Johnson. Craig O'Neill, de la Universidad Tecnológica de Queensland, describió la secuencia como "la barbacoa más grande de la historia".