Extirpar una parte del hígado de un paciente es un procedimiento delicado y peligroso. Si el tejido restante crece adecuadamente, el paciente puede sufrir una insuficiencia hepática post-hepatectomía. Esta complicación es grave y una causa principal de muerte tras operaciones de hígado. Para empeorar las cosas, los médicos no disponen de medicamentos aprobados específicamente para prevenir este problema potencialmente mortal.
Durante años, la comunidad médica creyó entender cómo se repara el órgano. Los científicos pensaban que la plasminógeno, una proteína que ayuda a disolver coágulos sanguíneos, era necesaria para la regeneración del hígado.
Sin embargo, investigadores de la Universidad Estatal de Michigan (MSU) han cambiado esta idea. Al reducir la plasminógeno en ratones de laboratorio, observaron que la curación no se ralentizaba. Al contrario, las células del hígado se multiplicaban más rápido y los órganos se recuperaban mejor tras la extirpación quirúrgica.
James Luyendyk, de la MSU, destacó la importancia de aceptar resultados inesperados. "La ciencia avanza cuando sigues los datos, incluso si te dicen que te equivocaste", afirmó.
Este descubrimiento aceleró la investigación clínica en humanos. Patrick Starlinger, cirujano e investigador de la Clínica Mayo, vio los hallazgos de la MSU. "Nos dimos cuenta de que podría haber una conexión importante entre esta vía y la regeneración del hígado", explicó.
Esto llevó a un ensayo clínico. Los investigadores probaron el ácido tranexámico, un medicamento usado para reducir el sangrado. El fármaco bloquea el proceso de disolución de coágulos del cuerpo, impidiendo que la plasminógeno actúe.
El ensayo se centró en pacientes sometidos a extirpación parcial del hígado. Los participantes que recibieron ácido tranexámico tuvieron un riesgo de insuficiencia hepática aproximadamente un tercio menor que el grupo de control. El medicamento fue especialmente útil para pacientes con mala función hepática previa.
Los hallazgos, publicados en la revista 'Blood', demuestran que cambiar cómo el cuerpo disuelve los coágulos mejora la recuperación del órgano. Al cuestionar una vieja suposición, los médicos encontraron una nueva forma de proteger a los pacientes.