El servicio de desayuno en la prisión de Negombo, Sri Lanka, se convirtió en el detonante de uno de los desastres carcelarios más mortíferos de la historia del país. El lunes 6 de julio de 2026, las tensiones latentes entre bandas criminales rivales desembocaron en un caos absoluto. Para cuando cesó la violencia, 27 personas habían perdido la vida y más de 100 necesitaron atención médica.
La prisión de Negombo, situada cerca de Colombo, estaba superpoblada con hasta 2.400 reclusos, muy por encima de su capacidad original de 650. Esta situación refleja una crisis nacional, ya que el sistema penitenciario de Sri Lanka opera casi cuadruplicando su capacidad prevista.
El enfrentamiento mortal comenzó el día anterior, domingo 5 de julio, cuando facciones rivales chocaron por operaciones de narcotráfico ilícito. Según informes, la chispa inicial se produjo cuando algunos prisioneros alertaron a la dirección sobre intentos de introducir drogas. Esa escaramuza del domingo causó dos muertes.
La situación se deterioró rápidamente a la mañana siguiente. Durante el desayuno, las hostilidades se reanudaron con gran intensidad. Los reclusos se armaron con ladrillos, palos y armas improvisadas, atacando al personal de seguridad. Los amotinados lograron dominar a los guardias, apoderarse de sus armas y disparar dentro de la prisión.
Además, los reclusos asaltaron la clínica de la prisión, consumieron suministros farmacéuticos robados y destrozaron la infraestructura de seguridad, incluyendo cámaras y detectores de metales. Mientras tanto, las fuerzas del orden, apostadas en el perímetro, esperaron una solicitud formal de intervención por protocolo.
El coste humano fue devastador: siete funcionarios y 20 reclusos fallecieron. El número de muertos aumentó a 27 al día siguiente. El Hospital de Negombo recibió 23 cuerpos y atendió a más de 100 heridos, muchos de ellos con heridas de bala y contusiones graves, requiriendo traslados y cirugías de emergencia.
En respuesta, el gobierno transfirió a unos 700 reclusos a otros centros y lanzó múltiples investigaciones. El Ministro de Justicia, Harshana Nanayakkara, expresó su pesar y asumió responsabilidad, pero enfatizó la necesidad de una investigación exhaustiva para prevenir futuras tragedias. La oposición criticó la respuesta tardía del ministro, calificándola de fracaso.