El 24 de junio, un día de orgullo histórico en Venezuela, se convirtió en una tragedia cuando un fuerte terremoto sacudió la costa noroeste cerca de San Felipe, en el estado de Yaracuy. Dos temblores masivos, separados por solo 40 segundos, causaron una devastación inmensa. El sismo, originado a poca profundidad, fue el desastre sísmico más importante en el país en más de un siglo, superando un evento de 1967 en Caracas que causó 200 muertes. El sistema de fallas de San Sebastián, donde se encuentran las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, fue el causante.
Para el 26 de junio, la cifra de muertos superaba los 920, con más de 3.360 heridos, incluyendo extranjeros de Brasil, China, España, Portugal e Italia. Más alarmante aún, más de 51.000 personas seguían desaparecidas. El municipio portuario de La Guaira, cerca de Caracas, fue el más afectado y fue declarado zona de desastre. Edificios residenciales y centros comerciales colapsaron, y muchas viviendas informales no estaban preparadas para fuerzas geológicas tan intensas.
La ventana de 72 horas para encontrar sobrevivientes se cerraba rápidamente. En áreas sin ayuda oficial, los ciudadanos usaban palas y martillos para buscar entre los escombros. "Uno se siente impactado", dijo un voluntario. Los esfuerzos de rescate enfrentan obstáculos como réplicas y un país ya debilitado por crisis política y económica. El sistema de salud, con poca financiación, está desbordado.
La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, declaró emergencia nacional y pidió ayuda a los profesionales médicos. El aeropuerto Simón Bolívar en Caracas detuvo vuelos por daños estructurales. Se restringió el acceso a La Guaira para evitar atascos. Equipos internacionales de México, El Salvador, Chile, Colombia, España, Suiza y República Dominicana, junto con ayuda de Estados Unidos, están llegando. El Servicio Geológico de EE.UU. estima que la cifra final de muertos podría superar los 10.000.