Dos hombres entraron en hospitales de Kampala con 24 horas de diferencia. Ambos habían viajado recientemente desde la República Democrática del Congo. Uno de ellos no salió del hospital.
Estos dos casos, confirmados en la capital de Uganda el 15 y 16 de mayo, fueron suficientes para que la Organización Mundial de la Salud declarara la máxima alerta. El 17 de mayo, el Director General de la OMS declaró el brote de ébola en el Congo y Uganda una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional.
El problema es que este no es el virus Zaire que los médicos han estudiado durante veinte años. Es Bundibugyo, una cepa rara identificada por primera vez en Uganda occidental en 2007. Según la OMS, ha causado solo tres brotes documentados en la historia. Y contra este virus, el mundo médico está desprotegido: no hay vacunas autorizadas ni tratamientos específicos.
El epicentro es la provincia de Ituri, en el noreste del Congo, que bordea Uganda y Sudán del Sur. Tres zonas de salud están afectadas: Bunia, la capital provincial; Rwampara y Mongbwalu. Hasta el 16 de mayo, había 8 casos confirmados, 246 sospechosos y 80 muertes sospechosas.
La cepa Bundibugyo tiene una tasa de mortalidad del 50%. Para la República Democrática del Congo, este es el decimoséptimo brote de ébola registrado desde 1976. Aunque el país tiene más experiencia con la enfermedad que cualquier otro lugar del mundo, la experiencia no es suficiente sin las herramientas adecuadas.