En la ciudad costera de Barranquilla, un abogado defensor, conocido por sus seguidores como "El Tigre", declaró ante una multitud que la historia de su país había cambiado para siempre. Abelardo de la Espriella, de 47 años y sin experiencia política previa, logró la presidencia de Colombia el 21 de junio en una de las elecciones más reñidas de la nación sudamericana. Los resultados preliminares, con casi todos los votos contados, muestran que de la Espriella obtuvo el 49.7% de los votos, superando por menos de un punto a su oponente, el senador progresista Iván Cepeda. A pesar de la estrecha diferencia, de la Espriella consiguió 12.9 millones de votos, un récord para un candidato presidencial en Colombia.
La segunda vuelta presentó una clara elección entre dos visiones opuestas para el país. Cepeda, defensor de los derechos humanos, prometió continuar los programas sociales y los diálogos de paz del actual presidente Gustavo Petro. Por su parte, de la Espriella representó un giro a la derecha. Liderando el movimiento "Defensores de la Patria", construyó su campaña a través de plataformas digitales y grandes mítines. Posee doble ciudadanía, colombiana y estadounidense, y mantiene un estilo de vida lujoso. Antes de entrar en política, tuvo una exitosa carrera representando a clientes de alto perfil.
Los votantes en áreas afectadas por la delincuencia respondieron a sus promesas de seguridad. De la Espriella planea construir nuevas prisiones y usar al ejército para combatir grupos armados. También ha prometido abandonar las negociaciones de paz y lanzar una campaña militar con apoyo de Estados Unidos. Su agenda económica incluye levantar la prohibición de extracción de petróleo y minerales. Socialmente, se opuso al aborto y a la adopción por parejas del mismo sexo.
La victoria de de la Espriella marca el fin del primer gobierno de izquierda moderno de Colombia y refleja una ola conservadora en América Latina. El nuevo presidente heredará una nación dividida, pero que ha elegido un camino de mano dura.