Entre el Caribe y las aguas heladas cerca de Canadá, cuatro estaciones de amarre han estado escuchando el océano profundo durante más de veinte años. Registran el flujo de agua fría y densa que se desliza hacia el sur por el fondo del Atlántico. Este sistema de corrientes, conocido como AMOC, mantiene Europa occidental cálida y controla las lluvias tropicales.
Ahora los científicos reportan que este ritmo se debilita en todas las estaciones. En abril de 2026, dos estudios publicados en Science Advances muestran un panorama preocupante. El primer estudio, dirigido por Valentin Portmann de Francia, predice que el AMOC se debilitará aproximadamente 51 por ciento para el año 2100. Esto es mucho más grave que las predicciones anteriores.
El segundo estudio, liderado por Qianjiang Xing de la Universidad de Miami, examina veinte años de mediciones directas. Sus datos muestran que el flujo profundo del océano ya está disminuyendo en todas partes donde lo midieron, desde el Caribe hasta Canadá.
El problema principal es el agua dulce del hielo de Groenlandia. Cuando el hielo se derrite, agua dulce entra en el Atlántico Norte, diluyendo el agua salada que normalmente se hunde. Sin este hundimiento, la circulación se debilita. Stefan Rahmstorf, oceanógrafo alemán, estima que hay más del 50 por ciento de probabilidad de que el AMOC colapse completamente. Este sería un cambio climático dramático para todo el planeta.