Durante 87 días, aproximadamente 90 millones de personas vivieron en una oscuridad digital casi sin precedentes. Luego, alrededor de las 11:00 UTC del 26 de mayo de 2026, los monitores de Cloudflare Radar detectaron algo importante. El tráfico de Irán comenzó a aumentar y los iraníes volvían a conectarse después de casi tres meses de silencio casi total.
El apagón comenzó el 28 de febrero, el mismo día en que las fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron una ola de ataques contra Irán. Durante la guerra, la conexión del país con el mundo exterior se oscureció. En algunos momentos, la conectividad cayó solo al 1 o 4 por ciento de los niveles normales.
La decisión de reabrir Internet llegó el lunes 25 de mayo. El presidente Masoud Pezeshkian aprobó el movimiento a través de un grupo de trabajo cibernético presidencial, según reportes. Sin embargo, lo que regresó estaba lejos de ser el Internet que los iraníes conocían. La restauración fue parcial, no un regreso completo a la normalidad. Los sistemas de filtrado permanecieron activos y muchas aplicaciones como WhatsApp, Instagram y YouTube siguieron restringidas.
El costo del silencio fue enorme. Los daños económicos se estimaron en aproximadamente 30 a 80 millones de dólares por día. Para los iraníes ordinarios, el regreso a Internet llegó con cautela y escepticismo, temerosos de confiar en un gobierno que había apagado las luces.