Durante décadas, una regla no escrita ha gobernado la política alemana moderna: los partidos democráticos principales se niegan a formar alianzas de gobierno con la extrema derecha. Hoy, esa barrera histórica enfrenta su prueba más difícil. El partido populista Alternativa para Alemania (AfD) está cerca de obtener el poder ejecutivo a nivel estatal por primera vez desde su creación en 2013.
El epicentro de este cambio político se encuentra en los antiguos territorios de Alemania Oriental. En Sajonia-Anhalt, los votantes irán a las urnas el 6 de septiembre de 2026. Las encuestas recientes muestran que el AfD tiene más del 40 por ciento del voto potencial en ese estado, según datos de Handelsblatt y Deutsche Welle. Si se suman los votos proyectados para la CDU, los socialdemócratas y Die Linke, su total no alcanza el porcentaje del AfD.
Incluso si el AfD no obtiene el control total, este nivel de apoyo podría darle la capacidad de bloquear leyes que requieran una mayoría cualificada. Para entender este aumento, hay que mirar las cicatrices de la reunificación. Desde 1990, las regiones del este han mejorado su infraestructura y economía, pero persiste una profunda sensación de desigualdad. Los trabajadores del este ganan menos y tienen menos ahorros que los del oeste.
A esto se suma un cambio demográfico: las comunidades rurales del este están disminuyendo. Esto dificulta el mantenimiento de los servicios locales y ha generado frustración entre los votantes. Sin embargo, la ola populista ya no se limita al este. El AfD ha extendido su mensaje al oeste, aprovechando la ansiedad por la inmigración, una economía nacional lenta y la insatisfacción con los líderes anteriores. En abril de 2026, las encuestas nacionales mostraban al partido con aproximadamente el 28 por ciento del apoyo público, cerca de sus picos históricos.
Un símbolo de esta expansión fue una encuesta de julio de 2026 que colocó al AfD con el 19 por ciento en Berlín, la capital alemana, tradicionalmente progresista. Los votantes de Berlín votarán el 20 de septiembre, el mismo día de otra elección estatal crucial en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde el AfD también lidera. Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde el AfD también lidera.
Todo esto representa un gran problema para el Canciller Friedrich Merz. Su coalición de gobierno, liderada por la CDU, está perdiendo confianza pública y enfrenta tensiones internas mientras sus números en las encuestas bajan. Los partidos tradicionales enfrentan el dilema de formar coaliciones incómodas para mantener al AfD fuera del poder, arriesgándose a difuminar sus propias identidades políticas y a gobernar de manera ineficaz.
En lugares como Sajonia-Anhalt, un nuevo partido llamado BSW, fundado por Sahra Wagenknecht, podría ser clave en las negociaciones de coalición. A medida que se acercan las elecciones de septiembre, la democracia alemana se ve presionada y mantener la barrera contra la extrema derecha se vuelve cada vez más difícil.