El presidente de Chile, José Antonio Kast, recorrió los enormes pasillos de la mayor prisión de El Salvador, buscando un modelo a seguir. En Latinoamérica, una profunda transformación política está en marcha. Tras elegir líderes progresistas a principios de los 2020, los votantes ahora han revertido esa tendencia. El número de ciudadanos de centro-derecha ha alcanzado su punto más alto en veinte años, y se espera que para 2025 los políticos conservadores controlen la mayoría de los gobiernos de la región.
El miedo es la fuerza impulsora de este cambio. Aunque las tasas de homicidio regionales son más bajas que hace una década, ciertos crímenes violentos están aumentando. Perú y Colombia, los principales productores de cocaína, sufren violencia y extorsión relacionadas con el narcotráfico. Colombia registró 14.780 asesinatos y Perú 2.400 en su último periodo, las cifras más altas desde al menos 2020. las cifras más altas desde al menos 2020.
Los votantes asustados buscan líderes fuertes, inspirados por El Salvador. El presidente Nayib Bukele lanzó una masiva ofensiva contra las pandillas en 2022, suspendiendo derechos legales y deteniendo a unas 100.000 personas, casi el 2% de la población. A pesar de las condenas internacionales por violaciones de derechos humanos, Bukele goza de gran popularidad.
Candidatos de todo el hemisferio copian su mensaje de ley y orden. Enrique Roig, exfuncionario del Departamento de Estado, señala que este movimiento conservador está coordinado y colabora con el movimiento MAGA de Estados Unidos, usando el crimen para movilizar votantes.
El expresidente de EE.UU. Donald Trump ha apoyado esta tendencia. El empresario hondureño Nasry Asfura, respaldado por Trump, ganó su elección en diciembre.
En Colombia, el abogado penalista Abelardo de la Espriella se postuló a la presidencia prometiendo mano dura y una alianza con Trump, obteniendo un sorprendente 43,7% en la primera ronda.
Incluso cuando los conservadores pierden, las victorias son por márgenes estrechos. En Perú, Roberto Sánchez ganó por un 50,10% frente a Keiko Fujimori. La tendencia derechista es tan fuerte que políticos de izquierda, como el presidente de Uruguay Yamandú Orsi, estudian las tácticas de Bukele.
Sin embargo, gobernar una democracia con problemas financieros es distinto a hacer promesas electorales. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, tuvo que abandonar la idea de prisiones flotantes y optó por una mega-cárcel tradicional.
Kast en Chile enfrenta una lección similar. Prometió deportar a más de 300.000 inmigrantes, pero solo ha realizado dos expulsiones. Reconoció que gobernar requiere asumir realidades difíciles y que el cambio real no ocurre de la noche a la mañana.