A 800 metros bajo la superficie del Océano Atlántico Sur, el agua es completamente oscura y la presión es muy alta. En este ambiente difícil cerca de la costa de Brasil, un vehículo robótico capturó una escena rara. Un pulpo pelágico hembra, muy grande, estaba comiendo una medusa de color rojo brillante. Las hembras de esta especie pueden medir hasta cuatro metros y pesar casi 75 kilogramos, mientras que los machos miden solo 30 centímetros.
Este encuentro extraordinario fue uno de los momentos importantes de una expedición de dos semanas en junio de 2026. Un equipo global de científicos a bordo del barco de investigación Falkor (too), operado por el Schmidt Ocean Institute, exploró la zona crepuscular del océano. Esta capa de agua está entre la superficie iluminada por el sol y el fondo marino profundo, a profundidades de entre 180 y 1.000 metros. Durante su misión, los investigadores identificaron 31 especies marinas que la ciencia no había documentado antes.
La región del océano medio es el espacio habitable más grande de la Tierra, pero sigue siendo uno de los menos comprendidos debido a su oscuridad y condiciones extremas. Históricamente, los científicos usaban redes para recolectar especímenes, pero muchos animales de la zona crepuscular tienen cuerpos blandos que se destruyen fácilmente. Para resolver esto, el equipo usó tecnología avanzada para estudiar a los animales en su hábitat. El vehículo operado remotamente, llamado SuBastian, llevaba equipo láser avanzado diseñado por el Monterey Bay Aquarium Research Institute. Estas herramientas permitieron a los científicos crear modelos tridimensionales de las criaturas sin tocarlas.
La tecnología reveló un mundo oculto de vida extraña y frágil. Los 31 nuevos descubrimientos incluyeron nueve tipos de medusas, siete ctenóforos y cuatro criaturas pequeñas parecidas a renacuajos llamadas larvaceos. El equipo también encontró un gusano que brilla de color amarillo y nada mucho más rápido de lo que su forma corporal debería permitir. A una profundidad de 779 metros, el robot examinó suavemente un calamar de cristal transparente.
Uno de los hallazgos más sorprendentes fue un animal colonial conocido como sifonóforo. Este espécimen en particular era tan inusual que podría representar una familia taxonómica completamente nueva. En el pasado, confirmar una nueva especie podía llevar décadas de trabajo de laboratorio, pero esta expedición cambió las reglas. Al combinar sus herramientas de escaneo con pruebas genéticas rápidas en el barco, los investigadores validaron las 31 nuevas especies en pocos días.
La Dra. Karen Osborn, científica principal del Smithsonian National Museum of Natural History, señaló la inmensidad de este mundo oculto. El Dr. Manu Prakash de la Universidad de Stanford destacó la importancia de estas herramientas. La expedición demostró que la zona crepuscular tiene mucha más vida y variedad de lo que los investigadores esperaban. Estudiar estos animales del océano profundo ayuda a explicar cómo la biología se adapta a temperaturas cercanas al punto de congelación y a la presión intensa.