Los rascacielos de Pekín brillaron el miércoles por la noche con tres caracteres chinos que significaban un mensaje claro: "Bienvenida a Pekín". En el aeropuerto internacional de la capital china, alrededor de 300 jóvenes en uniformes azules y blancos saludaban con pequeñas banderas estadounidenses y chinas mientras el Air Force One llegaba.
Donald Trump bajó del avión, iniciando la primera visita de estado de un presidente estadounidense en funciones a China desde 2017. La ceremonia fue elaborada: una alfombra roja, un guardia de honor militar y una banda militar. El vicepresidente Han Zheng, enviado preferido de Xi Jinping, esperaba para recibirlo, junto con la embajadora china en Washington Xie Feng y el embajador estadounidense en China David Perdue.
La agenda de esta cumbre es compleja. Incluye aranceles, tierras raras, inteligencia artificial, Taiwán y la guerra entre Estados Unidos e Irán. Pekín controla aproximadamente el 90 por ciento de la capacidad mundial de refinación de tierras raras, elementos esenciales para vehículos eléctricos y tecnología avanzada.
La delegación estadounidense incluye ejecutivos importantes como Elon Musk de Tesla, Tim Cook de Apple y Jensen Huang de Nvidia. También viajan el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth.
Las reuniones sustanciales comienzan el jueves, con una ceremonia oficial, una reunión bilateral con Xi Jinping y una cena de estado. China ha establecido cuatro líneas rojas que no pueden ser cuestionadas: Taiwán, democracia y derechos humanos, el sistema político chino y su derecho al desarrollo.