A 2.235 metros de altura sobre el nivel del mar, el aire es delgado y los inviernos son brutales. En la provincia de Girona, en los Pirineos orientales del lado español, los arqueólogos descubrieron algo inesperado en la Cueva 338. En el valle de Freser, cerca de la frontera francesa, encontraron fragmentos de un mineral verde brillante en 23 fogatas antiguas. El mineral, probablemente malaquita, contiene cobre y fue llevado a la montaña a propósito. Los fragmentos fueron quemados deliberadamente, lo que indica que las personas trabajaban el cobre en este lugar remoto.
Los investigadores encontraron cuatro capas distintas de actividad humana que abarcan aproximadamente 2.000 años. La actividad más intensa ocurrió durante la Edad del Cobre, entre 5000 y 2000 años antes de Cristo. En la tercera capa, descubrieron restos humanos de un niño de unos 11 años: un hueso del dedo y una muela. También hallaron dos colgantes antiguos, uno hecho de concha marina y otro tallado en el diente de un oso pardo.
El estudio fue dirigido por el profesor Carlos Tornero del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, ubicado en Tarragona. Estos hallazgos cambian la comprensión anterior: las montañas altas no eran lugares vacíos que los humanos primitivos evitaban. La Cueva 338 muestra uso organizado y deliberado durante dos milenios. Los investigadores volverán en verano de 2026 para continuar excavando y confirmar si el mineral verde es realmente malaquita.