Durante más de mil millones de años, un trozo de hielo congelado del tamaño de una montaña pequeña flotó por el espacio oscuro entre las estrellas. Luego, en el verano de 2025, entró en nuestro sistema solar, pasó alrededor del Sol y comenzó a volver hacia el vacío. Al salir, exhaló algo que ningún humano había medido antes en un objeto como este: metano.
El 1 de junio de 2026, la NASA anunció que su Telescopio Espacial James Webb había hecho el primer descubrimiento directo de metano en un objeto interestelar. El objeto es el cometa 3I/ATLAS, el tercer visitante conocido que pasó por nuestro sistema solar desde otra estrella, descubierto por primera vez en julio de 2025.
Lo extraño no es solo el metano, sino la cantidad que hay. En comparación con los cometas nacidos en nuestro sistema solar, 3I/ATLAS libera una cantidad sorprendente de metano en relación con el agua. También es inusualmente rico en dióxido de carbono. Para los científicos, estos números revelan una historia clara: este cometa no se formó aquí. Se formó en una región muy diferente, alrededor de una estrella diferente, bajo condiciones que nuestro vecindario nunca experimentó.
El trabajo fue dirigido por Matthew Belyakov, estudiante de postgrado de Caltech, con Ian Wong del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial como coautor. Sus resultados se publicaron en The Astrophysical Journal Letters.
Este es un momento raro. Hemos conocido solo tres objetos interestelaress. El primero, 1I/'Oumuamua, apareció en 2017. El segundo, 2I/Borisov, llegó en 2019. Metano no fue detectado en ninguno de ellos. 3I/ATLAS es el primero.
La NASA fue clara: el cometa no representa ninguna amenaza para la Tierra. Está en un camino único y ya pasó la órbita de Júpiter. Este viajero que pasó más de mil millones de años cruzando la galaxia se acercó lo suficiente para que nuestro telescopio más poderoso lo capturara. Ahora se está deslizando hacia la oscuridad, pero en diciembre nos dijo que la química de otras estrellas no es exactamente como la nuestra.