Dos estudiantes de posgrado de la Clínica Mayo estaban hablando en un pasillo cuando uno de ellos propuso una idea que sonaba un poco loca: buscar células zombi usando ADN.
Esa conversación entre Keenan Pearson y Sarah Jachim ha producido uno de los avances más importantes en la ciencia del envejecimiento. El equipo de la Clínica Mayo ha analizado más de 100 billones de secuencias de ADN sintético para encontrar moléculas raras llamadas aptámeros. Estos aptámeros pueden adherirse selectivamente a las células senescentes en tejido de ratón.
Las células senescentes son muy extrañas. Han dejado de dividirse pero se niegan a morir, permaneciendo en el cuerpo y acumulándose con la edad. Los investigadores las han relacionado con el cáncer, el Alzheimer y otras enfermedades. El problema siempre ha sido encontrarlas.
Pearson, quien trabajaba en el laboratorio del bioquímico L. James Maher III, tuvo la idea brillante. Jachim trabajaba con Nathan LeBrasseur estudiando la biología de la senescencia. Juntos, lograron lo que ninguno podría hacer solo.
Usaron una técnica llamada SELEX para examinar más de 100 billones de secuencias aleatorias de ADN. Dos aptámeros, etiquetados como 6756 y 6762, se identificaron como los más efectivos. Estos se adhieren a una proteína llamada fibronectina que está en las células senescentes de ratón pero no en las células saludables.
Aunque el trabajo fue hecho en ratones y todavía necesita adaptarse para humanos, este descubrimiento es muy significativo para la medicina del envejecimiento.