En la noche del 12 de junio, fuerzas de Estados Unidos derribaron drones iraníes sobre el Estrecho de Ormuz. Simultáneamente, se gestaba una realidad diferente tras puertas cerradas: Estados Unidos e Irán están cerca de poner fin a su devastadora guerra de 2026. Pakistán ha sido el mediador principal. El 12 de junio, el Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, anunció un avance, declarando que ambas partes habían alcanzado un texto final para un acuerdo de paz.
El conflicto comenzó el 28 de febrero de 2026, con ataques a gran escala de EE. UU. e Israel contra Irán. La guerra ha remodelado la región y la economía global. Irán ha cerrado el Estrecho de Ormuz, vital para el suministro energético mundial. El país ha sufrido daños estimados en 270 mil millones de dólares, una cifra cercana a su PIB de 2026.
Un memorando de entendimiento propone un intercambio: EE. UU. liberaría activos iraníes congelados y levantaría sanciones a las exportaciones de petróleo. A cambio, Irán reabriría el Estrecho de Ormuz. Un alto funcionario de la administración Trump estima una probabilidad del 80-85% de firma en días, pero condicionada a la entrega de Irán.
El acuerdo exige que Teherán cese su financiación de grupos proxy regionales y desmantele su programa nuclear. La Agencia Internacional de Energía Atómica ha alertado que Irán posee uranio enriquecido suficiente para 10 armas nucleares. Esto mantiene a Israel en alerta máxima, con su Primer Ministro Benjamin Netanyahu declarando que Irán no tendrá armas nucleares mientras él esté en el cargo.
La ruta hacia la paz es frágil. Hubo intercambios de fuego intensos entre el 9 y 11 de junio. Irán reclama la victoria, mientras surge una disputa sobre el enriquecimiento de uranio, lo que llevó al Presidente Trump a acusar a Irán de negociar de mala fe. A pesar de esto, el Vicepresidente JD Vance se muestra optimista. El acuerdo podría firmarse pronto, posiblemente en Ginebra, aunque Irán prefiere una firma remota.