La ciudad autónoma española de Ceuta, en el norte de África, experimentó una situación extraordinaria cuando aproximadamente 60.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos en un solo día, a finales de julio de 2026. La población habitual de Ceuta es de unas 83.600 personas. La gran afluencia de gente provocó una crisis humanitaria. Muchas personas nadaron desde la ciudad marroquí de Fnideq o se apresuraron a cruzar las barreras terrestres. Lamentablemente, entre 34 y 41 personas perdieron la vida, ahogadas o aplastadas en la frontera.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, culpó a redes criminales por engañar a los migrantes con información falsa sobre la apertura de la frontera. Señaló que estas organizaciones traficantes de personas aprovecharon una decisión judicial que afectaba a los rescates en el mar. La situación en Ceuta fue caótica, con miles de personas, incluyendo muchos menores, sin alojamiento. Los recursos locales se vieron completamente desbordados.
Las autoridades españolas movilizaron personal militar y policial para controlar la situación. Se dejó claro que quienes entraron ilegalmente no se beneficiarían de una iniciativa de legalización reciente. Ante la falta de refugio y la presencia policial, muchas personas decidieron regresar voluntariamente a Marruecos. Miles de personas regresaron en cuestión de horas.
La crisis en Ceuta, que junto con Melilla son las únicas fronteras terrestres de la UE con África, generó preocupación en Europa. La presidenta de la Comisión Europea condenó los hechos. Varios países europeos reaccionaron, y hubo tensiones diplomáticas, especialmente con Italia. Dentro de España, la oposición criticó las políticas de inmigración del gobierno. La situación puso de relieve los desafíos migratorios en la región.