Cap Ferret, un lugar tranquilo conocido por sus hoteles de lujo y granjas de ostras, se convirtió en julio de 2026 en una ruta de escape. Unas 44.000 personas huyeron de las llamas, y 1.500 tuvieron que ser evacuadas por mar debido a las carreteras bloqueadas. En total, entre 200.000 y 267.000 personas tuvieron que abandonar sus hogares o quedarse encerradas en España y Francia. La sequía, el viento y las altas temperaturas crearon un ambiente muy seco, perfecto para que se propagaran los incendios. Estos incendios han destruido paisajes, propiedades y han causado la muerte de dos bomberos franceses cerca de Burdeos.
La situación en España fue tan grave que el gobierno declaró emergencia nacional. El presidente Pedro Sánchez visitó las zonas más afectadas, calificando la crisis como "dramática". Cerca de Madrid, dos incendios se unieron el 24 de julio, creando un gran fuego que quemó 6.000 hectáreas, el peor registrado en la zona. La Guardia Civil investiga si la causa fue maquinaria agrícola, algo prohibido en ese momento, y ha detenido a una persona.
Joaquín Espinosa, un pescadero de 33 años de Chapinería, España, describió el pánico: "Todo alrededor era humo y fuego, tenía miedo. La gente estaba nerviosa". Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, lo llamó una "tormenta perfecta" y dijo que salvar vidas era la prioridad.
En el suroeste de Francia, cerca de Burdeos, 197.000 personas fueron desplazadas. El fuego quemó más de 19.000 hectáreas. Incluso el Tour de Francia tuvo que acortar su última etapa para ayudar con la respuesta al incendio. Francia movilizó a 1.000 militares y usó aviones para lanzar químicos contra el fuego. Ambos países activaron el sistema de respuesta a desastres de la Unión Europea, recibiendo ayuda de Italia, Grecia, Croacia, Portugal, Eslovaquia y la República Checa.