El 24 de junio, Venezuela conmemoraba el aniversario de la Batalla de Carabobo de 1821. Al ser día festivo, muchas familias estaban en casa cuando la tierra tembló violentamente. Dos fuertes sismos, de 7.2 y 7.5 de magnitud, golpearon cerca de San Felipe, en el estado de Yaracuy, con solo 39 segundos de diferencia. Fueron los temblores más potentes en el país en más de un siglo.
La destrucción se extendió a Caracas y La Guaira. Cerca de 189 estructuras colapsaron y 774 sufrieron daños graves. Las autoridades confirman entre 1.430 y 1.450 muertes, y se esperan más. Más de 3.000 personas resultaron heridas. La cifra más preocupante es la de desaparecidos, estimada entre 50.000 y casi 68.900.
A pesar de que han pasado las 72 horas críticas para encontrar supervivientes, continúan los rescates milagrosos. Equipos de Venezuela, México y El Salvador rescataron a un joven de 21 años, Aaron Levi Cantillo Vargas, que estuvo 106 horas bajo los escombros. También se rescató a un bebé, una adolescente y una mujer que resistió 86 horas atrapada.
Una gran operación internacional está en marcha con más de 2.600 especialistas y 140 perros. Estados Unidos prometió 150 millones de dólares. Sin embargo, la ayuda enfrenta dificultades. El aeropuerto principal de Caracas sufrió daños y tuvo que cerrar temporalmente.
La logística se complica por obstáculos políticos. El gobierno declaró estado de emergencia y restringió el acceso a las zonas más afectadas. Un equipo de rescate de Colombia fue retenido temporalmente en el aeropuerto. La situación genera frustración y enojo entre los supervivientes, que critican la lentitud y la falta de organización del gobierno. Venezuela ya sufría una crisis económica y un sistema de salud débil, y ahora se estima un daño económico de 6.700 millones de dólares.