Un cambio tan pequeño que apenas se podía ver. Solo unos pocos grados del pie, girado hacia adentro o hacia afuera. Sin embargo, durante un año, este pequeño ajuste en la forma de caminar redujo el dolor de rodilla tanto como un analgésico común, y en imágenes detalladas, pareció ralentizar la enfermedad que estaba desgastando las articulaciones.
Este es el resultado de un ensayo controlado aleatorio de un año de duración publicado en la revista médica The Lancet Rheumatology. Investigadores de la Universidad de Utah, NYU Langone Health y la Universidad de Stanford estudiaron a 68 personas con artrosis leve a moderada en la parte interna de la rodilla.
La mitad de los participantes aprendieron a cambiar su ángulo de pie de forma personalizada. La otra mitad continuó caminando normalmente. El estudio utilizó tecnología de captura de movimiento para calcular exactamente qué ángulo pequeño, de cinco o diez grados, reduciría más el estrés en la rodilla de cada persona.
El entrenamiento ocurrió durante seis sesiones semanales. Los participantes usaron un pequeño dispositivo en la tibia que vibraba mientras caminaban en una cinta de correr, guiándolos hacia su ángulo objetivo. Después, practicaban en casa durante aproximadamente veinte minutos diarios.
Los resultados fueron notables. El grupo que cambió su forma de caminar redujo su dolor en aproximadamente 2.5 puntos en una escala de 10 puntos. Las imágenes de resonancia magnética mostraron menor desgaste del cartílago en la rodilla del grupo que cambió su forma de caminar. Este tratamiento no invasivo podría ayudar a retrasar la cirugía de reemplazo de rodilla.