En las primeras horas de la mañana del 19 de julio, los cielos de Kyiv, la capital de Ucrania, se llenaron de explosiones. Los residentes se despertaron con el sonido de armas que caían, lo que marcó el inicio de un bombardeo que duró hasta el amanecer. Viktoria Shejko, una residente, describió cómo recogió a su familia mientras sonaban las alarmas y luego escuchó "un misil tras otro explotando".
Según informes, Rusia lanzó una gran cantidad de drones y misiles balísticos. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, calificó el ataque como uno de los más graves contra Kyiv desde el inicio del conflicto en febrero de 2022. Al amanecer, se confirmó que una persona había muerto y entre 15 y 16 personas resultaron heridas. Varios barrios de la ciudad sufrieron daños, incluyendo edificios de apartamentos y zonas comerciales. Equipos de rescate tuvieron que liberar a personas atrapadas en edificios en llamas.
La defensa aérea ucraniana logró derribar muchos drones y misiles, pero la gran cantidad de proyectiles superó sus capacidades. El Ministerio de Defensa ruso afirmó que el ataque se dirigió a objetivos militares. Sin embargo, los daños en zonas civiles sugieren lo contrario. Ucrania enfrenta una escasez de misiles interceptores para sus sistemas de defensa Patriot, que son cruciales contra armas balísticas de alta velocidad.
El presidente Zelenskyy enfatizó la necesidad constante de estos interceptores. Este ataque fue parte de una semana intensa de bombardeos rusos en Ucrania, que incluyeron miles de drones, bombas aéreas y misiles. Existe la posibilidad de que Estados Unidos comparta tecnología para que Ucrania pueda fabricar sus propios misiles Patriot, pero los detalles aún no están claros. Mientras tanto, Kyiv sigue vulnerable y pide más apoyo internacional para detener los ataques.