En una mañana nublada en el sur de Alemania, científicos liberaron 34 palomas mensajeras a 19 kilómetros de su palomar. Aproximadamente la mitad regresó en 70 minutos, como las palomas mensajeras han hecho durante siglos. La otra mitad se perdió, desorientada.
La diferencia entre los dos grupos no estaba en sus ojos, cerebros o picos. Estaba en sus hígados.
Esta es la conclusión sorprendente de un equipo internacional liderado por científicos alemanes que escriben en la revista Science. Según el estudio, las palomas mensajeras sienten el campo magnético terrestre usando células inmunológicas llamadas macrófagos, ubicadas en el hígado. Los macrófagos son células blancas que normalmente engullen invasores y reciclan células de sangre viejas. Cuando descomponen estas células, recogen el hierro.
El equipo examinó muchos órganos de las palomas, incluyendo los ojos, el pico, el cerebro, el bazo y el hígado. El hígado tenía la concentración más alta de hierro, y sus macrófagos respondían al magnetismo.
Para probar si estas células importaban realmente, los científicos trataron a la mitad de las palomas con una sustancia que elimina macrófagos. Bajo cielos nublados, las palomas sin macrófagos se perdieron. Las palomas normales llegaron a casa. Pero en días soleados, todas las palomas navegaron bien. Esto sugiere que las palomas usan el sol cuando está visible, pero dependen del magnetismo cuando hay nubes.
Este descubrimiento revela un vínculo previamente desconocido entre el sistema inmunológico y la navegación animal.