Los conductores en Rusia enfrentan una situación inesperada. A pesar de ser un país rico en energía, los automovilistas hacen largas filas para llenar sus tanques. La escasez se volvió tan grave que el 8 de julio de 2026, Moscú tomó una medida drástica: detuvo por completo los envíos de diésel a otros países hasta finales de julio. El objetivo es mantener el combustible dentro del país. El viceprimer ministro Alexander Novak explicó que la prohibición aumentará el suministro al mercado nacional. Las nuevas reglas se aplican a empresas y fabricantes, cerrando una laguna que permitía las ventas al extranjero. Solo los acuerdos bilaterales existentes, como uno con Mongolia, están exentos.
La causa de esta crisis son los drones ucranianos que han atacado la infraestructura energética de Rusia. Entre enero y junio de 2026, Ucrania atacó 16 refinerías y terminales de combustible importantes, eliminando más del 30 por ciento de la capacidad de refinación de Rusia. Los ataques han alcanzado objetivos a cientos o miles de kilómetros de las líneas del frente. En Siberia, los ataques dañaron equipos clave en la refinería de Omsk, a más de 2.500 kilómetros de las zonas de combate. Otras instalaciones en las regiones de Saratov, Tatarstán, Tver y Stavropol, así como una instalación en Ufa, también fueron atacadas. Incluso la infraestructura de gas natural ha sufrido daños.
Como resultado, Rusia tiene un déficit del 20 por ciento en su producción nacional de gasolina. Las autoridades en más del 90 por ciento de las regiones rusas informan escasez o racionamiento. Para solucionar esto, Rusia ha comenzado a comprar combustible de otros países, como de la India, y planea importar hasta 400.000 toneladas al mes. Dado que Rusia es el segundo mayor exportador de diésel del mundo, esta medida afecta la disponibilidad global y ha provocado un aumento en los precios europeos del diésel.