A pocos milésimos de grado por encima de la temperatura más fría que permite la física, algo dentro de un laboratorio finlandés comenzó a funcionar. Nadie lo estaba accionando. Nadie le estaba suministrando energía. Sin embargo, durante varios minutos, mantuvo un tiempo perfecto.
Ese algo se llama cristal de tiempo, y por primera vez, científicos han conseguido conectarlo al mundo exterior.
El avance proviene de la Universidad de Aalto en Espoo, Finlandia, donde un equipo dirigido por Jere Mäkinen informó en Nature Communications que había acoplado con éxito un cristal de tiempo a un dispositivo mecánico externo. Este logro representa la primera vez que esta fase exótica de la materia se conecta a un sistema que los humanos pueden utilizar.
Un cristal ordinario, como la sal o el cuarzo, repite su patrón en el espacio. Un cristal de tiempo repite su patrón en el tiempo. Su estado de menor energía oscila por sí solo, periódicamente, sin necesidad de un empuje continuo del exterior.
El equipo de Aalto creó su cristal de tiempo dentro de un baño de helio-3, un isótopo raro que se convierte en superfluido cuando se enfría a temperaturas cercanas al cero absoluto. Usando ondas de radio, los investigadores introdujeron cuasipartículas llamadas magnones en el líquido frío. Luego apagaron las ondas de radio. En lugar de silenciarse, los magnones se organizaron en un cristal de tiempo continuo que osciló por sí solo durante aproximadamente cien millones de ciclos, lo que duraba varios minutos antes de desaparecer.
El equipo colocó un pequeño oscilador mecánico junto al cristal de tiempo y observaron lo que sucedía. Los dos comenzaron a interactuar. Al ajustar la frecuencia y amplitud del dispositivo mecánico, los investigadores pudieron modificar las propiedades del cristal de tiempo mismo.