Durante décadas, Saturno parecía desafiar las leyes de la física. Dependiendo de cómo los científicos lo medían, el gigante gaseoso parecía girar a velocidades ligeramente diferentes. Esto debería ser imposible. Un planeta no puede simplemente decidir rotar más rápido un año y más lentamente al siguiente.
El profesor Tom Stallard de la Universidad de Northumbria en Newcastle, Inglaterra, explicó: "Durante décadas, sabíamos que algo extraño ocurría con la velocidad de rotación aparente de Saturno, pero no podíamos explicarlo".
Ahora, usando el Telescopio Espacial James Webb, Stallard y su equipo internacional finalmente han resuelto el misterio. La rotación de Saturno nunca cambió realmente. En cambio, vientos poderosos en su atmósfera han estado distorsionando silenciosamente las señales que los científicos usan para medir la rotación.
Saturno es un gigante gaseoso sin superficie sólida, así que los científicos miden indirectamente su velocidad de rotación usando su campo magnético y emisiones de radio. Cuando la sonda Cassini de la NASA comenzó a estudiar Saturno en 2004, estas mediciones sugerían que la velocidad de rotación estaba cambiando lentamente.
En 2021, Stallard demostró que los vientos atmosféricos, no el planeta mismo, eran responsables de los cambios aparentes. Pero quedaba una pregunta: ¿de dónde provenían estos vientos? El misterio estaba solo a mitad de resuelto.
Usando el Webb, los investigadores observaron las auroras de Saturno en la región auroral del norte. Descubrieron un ciclo autosustentable: las auroras calientan la atmósfera superior, el calor impulsa vientos, los vientos generan corrientes eléctricas, y esas corrientes alimentan las auroras. Este ciclo distorsiona las señales de radio que los astrónomos habían usado para medir la rotación del planeta.
Esta investigación, publicada en la revista Journal of Geophysical Research: Space Physics, podría cambiar nuestra comprensión de las atmósferas planetarias en general.