Meyboll Font, una gerente de redes sociales de 51 años en La Habana, conoce bien la rutina. "Vivir así es una agonía", dice. El lunes 6 de julio de 2026, esa agonía se extendió por todo el país. Al mediodía, la compañía eléctrica estatal de Cuba anunció un colapso total de la red eléctrica nacional.
En un instante, unos 10 millones de residentes se quedaron a oscuras. No fue un incidente aislado. Era la tercera vez en lo que iba de año que toda la isla perdía electricidad, y la octava falla completa del sistema desde finales de 2024. Para un país que ya enfrenta escasez severa, la pérdida repentina de energía paralizó la vida diaria.
Sin electricidad, el mundo moderno se detiene. Un joven desarrollador de software para una startup de turismo en la capital describió la situación: "No tenemos WiFi, ni electricidad, no podemos trabajar". Más allá de las pérdidas económicas, el problema es de supervivencia. La comida se daña, el agua potable deja de fluir y el transporte en la isla casi se detiene. Las Naciones Unidas han advertido de un desastre humanitario, señalando la escasez de medicinas esenciales y los retrasos en procedimientos médicos.
La compañía eléctrica estatal aún investiga la causa exacta del colapso. Sin embargo, las debilidades del sistema son conocidas. La nación caribeña depende de plantas termoeléctricas construidas hace décadas, durante la era soviética. Estas instalaciones antiguas necesitan mantenimiento constante, pero las reparaciones son difíciles sin repuestos y, sobre todo, combustible. Cuba produce solo el 40% del petróleo que necesita. El resto debe importarse, algo cada vez más difícil debido a las sanciones de Estados Unidos impuestas en enero de 2026, que han limitado severamente las entregas de combustible.
La crisis energética ha provocado una fuerte batalla política. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha criticado a Washington, calificando las restricciones de petróleo como un "bloqueo energético genocida". Argumenta que Estados Unidos intenta provocar malestar social al privar a la isla de combustible. Mientras tanto, su gobierno ha intentado adaptarse con reformas financieras en junio. El Departamento de Estado de EE. UU. ha desestimado estos cambios como "señales superficiales" y exige transformaciones políticas y económicas profundas. Las conversaciones diplomáticas recientes no han avanzado.